Esta es la historia de un niño que sobrevivió al bullying

Iñaki Zubizarreta, ex jugador de básquet profesional en ACB, la principal liga de España, sufrió acoso escolar en su infancia; no sólo por parte de sus compañeros sino también de una profesora y otros adultos. Durante la charla que realizó en Aprendemos Juntos 2030, la plataforma de contenidos inspiradores del BBVA, el deportista relata cómo a fuerza de voluntad, pudo sobreponerse a tan traumática experiencia y fortalecer su amor propio.

Su desgarradora historia – que por suerte tiene un final feliz- sirve de ejemplo alrededor del mundo, para concientizar sobre una problemática que más de 30 años después se agrava y tiene consecuencias nefastas. Hoy Iñaki puede disfrutar de su vida plenamente, pero muchos chicos no pudieron reponerse del maltrato. Por eso, es tan importante que desde todos los sectores de la sociedad se le diga “No al bullying”.

Sobrevivir al acoso escolar

Iñaki era un niño diferente. De aspecto corpulento, muy alto y robusto. Fue una víctima más de las millones que sufren acoso escolar. En su caso por la estatura. De padres altos –su papá medía 1,90 metros y su mamá 1,82-, la vida no era un problema para él hasta que empezaron las bromas en la escuela.

Cualquiera podría pensar “con semejante tamaño, quien va a meterse con este chico”. Sin embargo, su historia comienza a los 11 años, cuando la gente empezó a verlo como una persona enorme que se comportaba como un niño; la asociación inmediata que se hacía en esa época era que tenía un retraso mental. Claro que Iñaki realmente era un niño como todos los demás con un cuerpo grande y no tenía ningún problema madurativo. Y por supuesto que nadie debía maltratarlo aunque tuviera capacidades diferentes.

El primer incidente se dio con un chico nuevo del colegio, que necesitaba hacerse notar y junto a dos o tres más –porque siempre el acoso es en grupo- comenzó a molestarlo. Un día estaban las familias en un parque y el papá de este niño comentó “qué hace mi hijo jugando con este subnormal”.

Los adultos tenemos que tener mucho cuidado con lo que decimos y con lo que inculcamos a nuestros hijos, ya que ellos son esponjas que absorben nuestras conductas. Si bien en esa oportunidad la mamá de Iñaki, se enojó muchísimo, el maltrato siguió. Lo más duro es la exclusión. Los chicos me veían como la peste y se corrían cuando llegaba”, relata Iñaki.

Otra persona terrible que se cruzó en su vida fue una profesora. Así como hay muchos docentes admirables, esta maestra tuvo una conducta muy reprochable. Sin consentimiento de los padres, llevó a Iñaki al psicólogo del colegio, quien le diagnosticó retraso mental porque sus actos no estaban acordes con su estatura. Como la profesora creía que por su tamaño, envergadura y fuerza podía hacerle daño a otros, le puso el peor castigo: pasar todo el año sin salir a los recreos ni relacionarse con sus compañeros. Eso fue lo peor: la soledad, el silencio. Y nada más alejado de la realidad ya que Iñaki era un niño muy tímido, acomplejado y lleno de miedos. Además, lo humillaba enfrente de todos, diciéndole que no iba a perder el tiempo explicándole a un ”tonto” que no iba a entender.

Como una bola de nieve, el acoso escolar iba escalando y no se podía frenar. Un día comenzaron con el apodo de Jacobo, “cuanto más alto más bobo”. Y terminaron acorralándolo en el baño y humillándolo de la forma más salvaje que se pueda imaginar.

“Te destruyen hasta tal punto de que puedes llegar a no encontrar sentido a tu vida. Me quedé tan mal que no encontraba los motivos para seguir y pensé en tirarme por un acantilado”, relata con lágrimas en los ojos. “Lo que me dio fuerzas es que no me parecía justo que mis padres pierdan 3 hijos en tan poco tiempo. Y digo 3 porque pocos años antes se me murieron dos hermanos pequeños el mismo día. Mi hermano de 8 años era testigo de todo lo que yo estaba sufriendo y le daba mucha impotencia no poder ayudarme. No podía dejarlo solo. Por él me aferré a Dios con uñas y dientes”Y agrega: “Por suerte me hice una promesa cuando no salté, a partir de ese momento me iba a defender”. Pero al volver al colegio, después de un tiempo, los compañeros lo volvieron a atacar. Esa vez eran muchos más y lo patearon tanto que lo dejaron dos días en coma.

Aquí la responsabilidad recae tanto en el que lo hace como en el que lo permite, el acosador pasivo. “Lo que más eché de menos precisamente fueron voces, que la gente actuase. Sólo había en el colegio dos alumnos que me defendían”.

El refugio en el deporte

A Iñaki lo rompieron, lo llevaron al límite, pero tuvo la capacidad de salir de ese lugar; y salir bien. Se refugió en el básquet, deporte que le dio una identidad y muchas satisfacciones. Encontró dos personas especiales que lo ayudaron, plasmó su historia en un comic “Subnormal” y da clases para concientizar sobre esta problemática tan dura“Quererse a uno mismo, respe, transformar el lenguaje interior y la manera de decir las cosas y convertirte en tu mejor amigo son claves para evitar las consecuencias que conllevan las intenciones negativas de los acosadores”.

Por desgracia, treinta y tantos años después, la historia de Iñaki es una historia que se sigue repitiendo. Y lo que no ha cambiado en este tiempo es romper la ley del silencio. Hace falta un cambio ya y está en nosotros

Fuente: lanacion.com.ar

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